jueves, 3 de junio de 2010

Las Desviaciones Ideológicas dentro del Nacionalsocialismo Parte II





LAS DESVIACIONES IDEOLOGICAS DENTRO DEL NACIONALSOCIALISMO
Parte II
Por: Alrun
Nueva Derecha
La Nueva Derecha es una corriente de pensamiento con derivaciones políticas nacida a partir de los sucesos de mayo de 1968, y sus principales exponentes son Alain de Benoist y Guillaume Faye, entre otros. El primero ha definido esta corriente de la siguiente manera: “(…) es, en realidad un conjunto –informal, ya lo he dicho- de grupos de estudio, asociaciones y revistas cuya actividad se sitúa exclusivamente en el terreno cultural.”(1)
Otra definición mas amplia de la misma afirma que la Nueva Derecha (2) “No es un movimiento político, sino una escuela de pensamiento. Sus actividades desde hace más de treinta años (publicación de libros y revistas, celebración de coloquios y conferencias, organización de seminarios y universidades de verano, etc.) se sitúan en una perspectiva eminentemente metapolítica. La metapolítica no es otra manera de hacer política. No es en absoluto una "estrategia" que tratara de imponer una hegemonía intelectual; tampoco pretende descalificar a otras posiciones o actitudes posibles. Sencillamente, la metapolítica reposa sobre la constatación de que las ideas juegan un papel fundamental en las conciencias colectivas y, de forma más general, en toda la historia humana.”(3); y en este punto vemos la primera divergencia con la ideología Nacionalsocialista ya que esta, si bien no es solamente una doctrina política, su aplicación a los problemas materiales (sociales, económicos y demás) la convierten en una forma de hacer política: “La meta de todo movimiento Nacionalsocialista es el establecimiento de un orden nuevo en todo el mundo blanco, y por tanto la obtención del poder político necesario para ello. Renunciar a esta lucha por el poder político es dejar de ser Nacionalsocialista”(4); así que los postulados exclusivamente culturales y de pensamiento de la ND son incompatibles con la lucha por el poder político que debe ser realizada por los verdaderos militantes Nacionalsocialistas.
Las fuentes de la cuales se nutre la ND son diversas, tal como afirma Benoist: “Los autores que mayor influencia habían ejercido sobre ellos eran de los mas variado: Jacques Monod y Georges Dumézil, Louis Rougier y Jules Monnerot, Max Weber y Pareto, Arnold Gehlen y Max Scheler, Ferdinand Tönnies y Montherland, Mircea Eliade y Bertrand Russell, Ernst Jünger y Ugo Spirito, Nietzsche y Heidegger, Carl Schmitt y Oswald Splenger, Giusseppe Prezzolini y Stéphane Lupasco, D.H Lawrence y Marinetti, Proudhon y Barrés, Konrad Lorenz y H.J Eysenck”(5) y es en este punto donde empezamos a encontrar las divergencias más evidentes entre la ideología de la ND y el Nacionalsocialismo.
Por un lado encontramos autores que son en mayor o medida afines o simpatizantes a nuestra doctrina como Nietzsche, Schmitt, Splenger y Konrad Lorenz; de igual manera encontramos otros teóricos más afines al Fascismo italiano como Pareto, Barrés y Marinetti, los cuales a pesar de no ser contrarios al Nacionalsocialismo, no forman parte de la ortodoxia de esta doctrina. Y por último hallamos miembros de la resistencia antinazi francesa durante el periodo de la ocupación como Monod, liberales clásicos como Rougier, adversarios confesos del Nacionalsocialismo como Scheler, quasimarxistas como Weber y hasta comunistas declarados como Gramsci, quien fuera uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano. De esta manera la ND es una autentica “colcha de retazos” ideológica donde conceptos como un anticomunismo de base mas o menos liberal y la necesidad de una elite y su circulación interactúan con un antirracismo que inclusive tiene cierto tinte humanista.
Lo anterior nos lleva a que la ND toma posición con respecto al tema racial profesando un antirracismo claro y conciso: “Por lo demás, la legislación antirracista ganaría mucho si fuese ampliada a más formas de rechazo del Otro. Podría, por ejemplo, condenar las doctrinas que niegan al Otro en nombre de la ‘clase’, como otras lo hacen en nombre de la ‘raza’. Incitar al odio entre clases no es menos condenable que azuzar el odio entre las razas. Decidir la actitud a adoptar hacia alguien en función de su pertenencia a una clase o de su pertenencia a una raza es uno y lo mismo”(6); la anterior afirmación, aun cuando tiene cierto aire anticomunista, es completamente contraria al Nacionalsocialismo dado que apoya descaradamente la persecución hecha por el Sistema a las ideas racistas (que de por si, ya es enérgica en sitios como Europa, Canadá y otros), y se adhiere al pensamiento de lo “políticamente correcto” al contener implícitamente la afirmación que todo racismo es per se una falsedad y un error que debe ser hostigado.
Asimismo, y en directa relación con lo anterior, la ND no se ocupa de ninguna manera del problema judío. Ya lo hemos afirmado anteriormente: uno de los pilares fundamentales del Nacionalsocialismo como ideología política es la lucha contra el judaísmo en todas sus manifestaciones, ya sean estas políticas, económicas y culturales; y renunciar a esta lucha o apoyar doctrinas políticas, ideológicas o “culturales” contrarias a este combate se constituye en un alejamiento o hasta en una traición a la causa Nacionalsocialista.
Tradicionalismo Evoliano(7)
A pesar de no ser una corriente o desviación estrictamente política, el Tradicionalismo de corte evoliano(8) (en adelante TE) es una tendencia de pensamiento que tiene repercusiones y obliga a la toma de posiciones dentro del ámbito de la política. El fundador de esta corriente es Julius Evola, aristócrata italiano que estuvo al lado de Mussolini durante el periodo fascista, y sus ideas siguen teniendo relevancia doctrinal dentro de diversos grupos nacional revolucionarios, conservadores, neofascistas y hasta “nacionalsocialistas” en el periodo de la postguerra.
Evola fue un autor bastante productivo, y ha escrito una gran cantidad de libros, ensayos, artículos, etc., la gran mayoría de ellos dedicados a cuestiones religiosas, esotéricas y de metafísica. Para efectos del presente escrito solo nos concentraremos en las obras que tienen que ver con nuestro tema, y estas son “El Fascismo visto desde la Derecha”, “Notas Sobre el Tercer Reich” que inicialmente fue un apéndice del primero siendo publicado aparte después, “Orientaciones para una Educación Racial” y “Orientaciones”.
A pesar de su posición como ideólogo dentro de las tendencias antes mencionadas, Evola nunca apoyó realmente al Fascismo (de hecho, ni siquiera fue miembro del Partido) y mucho menos al Nacionalsocialismo, ya que su posición personal e ideológica con respecto a la política era de “Derecha” entendida esta como “(…) idealmente el concepto de la verdadera Derecha, de la derecha tal como la entendemos, debe ser definida en función de las fuerzas y de las tradiciones que actuaron de una manera formadora en un grupo nacional y también en ocasiones en las unidades supranacionales, antes de la Revolución Francesa, antes del advenimiento del Tercer Estado y del mundo de las masas, antes de la civilización burguesa e industrial, con todas sus consecuencias y los juegos de acciones y reacciones concordantes que han conducido al marasmo actual (…)”(9); y a esto nos preguntamos ¿Qué fuerzas y tradiciones son estas? Básicamente son la Monarquía, la Aristocracia, los Imperios, etc. Ahora, todas estas instituciones han sido superadas por la ideología del Nacionalsocialismo, el cual propone un Estado fuerte con vocación de Imperio (Reich) dirigido por un Líder (Führer), en el cual existe una aristocracia racial y moral, donde los mejores y más capaces son aquellos que ocupan los puestos de responsabilidad. Así, la posición política inicial defendida por Evola es simplemente una reacción nostálgica ante fenómenos políticos que no pertenecían a una aristocracia nobiliaria y hereditaria, sino los verdaderos valores de la Naturaleza y de la Raza.
Así Evola se lanza en contra de los principales planteamientos tanto del Fascismo como del Nacionalsocialismo, empezando por la idea del Partido Único: “(…) pero la concepción de un ‘partido único’ es absurda; perteneciendo exclusivamente al mundo de la democracia parlamentaria, la idea de ‘partido’ no podía ser conservada más que de manera irracional en un régimen opuesto a todo lo que es democrático. Decir ‘partido’ de otro lado, quería decir ‘parte’ y el concepto de partido implica una multiplicidad, si bien el partido único seria la parte deseosa de convertirse en todo, en otros términos, la facción que elimina a las otras sin por tanto cambiar de naturaleza (…)”(10), en la anterior cita vemos, por un lado la poca comprensión del autor sobre Ciencias Políticas básicas, ya que el hecho de que exista en un país determinado una única fuerza política representando los intereses de un pueblo es la antítesis de la democracia parlamentaria, cuyo esencia es la pluralidad de movimientos políticos. Por otro lado, su argumento de que el uso del nombre o denominación “parte” o “Partido” implica participación y legitimación de la democracia, así como aceptación de su fraccionamiento político es simplemente pueril y absurda, ya que en esencia, el objeto es en sí mismo y no por el nombre que tiene o se le ha dado, es decir, un negro keniano puede tener de nombre “Odín” y no por ello ser el antiguo dios nórdico. No hace falta un análisis y una argumentación detallada para rebatir la tesis que tanto el Nacionalsocialismo como el Fascismo son formas completamente alejadas de la democracia en general, y poco importa que los vehículos temporales de estas ideas tengan el nombre de “Partido”.
Igualmente, pareciera que el demócrata es Evola, cuando critica la asunción de plenos poderes por parte de Hitler afirmando que: “En cuanto a la ley confiriendo los plenos poderes, quedó en vigor el fin en lugar de los cuatro años reclamados por Hitler para la "reconstrucción nacional". Incluso sin adherirnos al fetichismo del "Estado de Derecho" de inspiración liberal, se debe ver en esto un exceso; no puede perpetuarse y, en suma, no puede institucionalizarse lo que no puede ser legítimo más en situaciones particulares. Lazos éticos, necesariamente indeterminados y elásticos, de la responsabilidad directa de un lado (en la cumbre), de la confianza y de la fidelidad del otro, no pueden suplir a la legislación positiva que, incluso en un Estado autoritario de Derecha, debe ser contemplada a fin de prevenir el arbitrio "dictatorial".”(11), lo cual tiene una línea argumentativa propia del más común de los demócratas, al criticar la prolongación de los plenos poderes desde un punto de vista claramente contractualista y al mejor estilo de Rousseau, hablando de responsabilidad del gobernante ante el pueblo y la confianza depositada en este por parte del gobernado por medio del Contrato Social.
El tema racial dentro del TE es tratado de una manera superficial, y es en este asunto donde encontramos choques profundos entre esta corriente y el Nacionalsocialismo. El primero afirma que “desde nuestro punto de vista es necesario tomar posición de forma clara contra un racismo que considere toda facultad espiritual y todo valor humano como el simple efecto de la raza en el sentido biológico del término (…)”(12), es decir, las facultades artísticas, espirituales y técnicas no dependen de la raza del sujeto, siendo posible entonces posible que un negro componga música igual o mejor que la de Bach y que un asiático realice una obra como la Capilla Sixtina. Esto es una acusación clara en contra del racismo biológico Nacionalsocialista, el cual asevera que “Todo cuanto hoy admiramos en el mundo –ciencia y arte, técnica e inventos- no es otra cosa que el producto de la actividad creadora de un número reducido de pueblos y quizá, en sus orígenes, hasta de una sola raza. De ellos depende también la estabilidad de toda esta cultura. Con la destrucción de esos pueblos bajara igualmente a la sepultura toda la belleza de esta tierra.”(13)
Por último, y en relación con lo anterior, está el problema judío. El TE alega que “La aparición de la cuestión judía se refería y se refiere al punto de vista precisamente, de un ‘nacionalismo étnico’ y a la suposición de que el judío es un elemento extraño a la comunidad nacional. Pero de una manera más general el problema se plantearía en la posición a tomar frente a la ‘integración’”(14), según esta afirmación, el judío no es elemento subversivo y la raíz de todos los males del mundo actual, así como tampoco es el enemigo de la raza aria, que busca su destrucción por todos los medios; sino simplemente un extranjero que se hace merecedor de ataques por el simple hecho de no pertenecer a la comunidad nacional. Esta idea es precisamente el tipo de argumentos que usan los judíos para denunciar el Nacionalsocialismo como un simple “nacionalismo extremo”, y su uso por parte de Evola implica, en última instancia, un deseo de hacerle sus ideas agradables al poder mundial judio.
Conclusiones
El presente artículo no pretende ser exhaustivo sino informativo y de orientación, ya que un análisis detallado e íntegro sobre las diferentes desviaciones ideológicas del Nacionalsocialismo ocuparía un volumen completo, y esto no es competencia nuestra. ¿Por qué no lo es? Porque es deber de todo verdadero Nacionalsocialista su completa y correcta formación ideológica, ya que nadie va a estar a su lado indicándole que debe y que no debe estudiar.
Igualmente, este artículo es un llamado a la ortodoxia ideológica. O se es Nacionalsocialista o no se es. “Nazis Socialracistas”, “Nazis Nacionalbolcheviques” o peor aun “Nazis Evolianos” son simplemente aberraciones ideológicas sin sentido cuyo único accionar entorpecerá el trabajo realmente Nacionalsocialista.
El enemigo más peligroso no es el externo, sino el interno. Las doctrinas que mencionamos anteriormente y que en apariencia son cercanas al Nacionalsocialismo son por un lado aberraciones ideológicas nocivas, como el Nacionalbolchevismo y el Socialracismo; y por el otro lado traiciones descaradas a la Idea y cercanas al judaísmo como la Nueva Derecha y el Tradicionalismo Evoliano.
Cualquier verdadero militante Nacionalsocialista estudiará las obras clásicas de la ideología, tales como Mein Kampf del Adolf Hitler, La Raza Nueva Nobleza de Sangre y Suelo de Walter Darré, las obras completas de Gottfried Feder, White Power de George Lincoln Rockwell, las obras completas de Harold A. Covington y Ramón Bau, etc. Toda desviación de este marco ideológico constituye una traición a la causa y un dejar de ser Nacionalsocialista.
Notas
1) Alain de Benoist, La Nueva Derecha, Barcelona, Editorial Planeta, 1982, p. 15.
2) En adelante ND.
3) Alain de Benoist y Charles Champertier, Manifiesto La Nueva Derecha en el año 2000, edicion online.
4) Ramón Bau, Nuestras Ideas, edición online, capítulo Política, punto 1.1.
5) Alain de Benoist, Op.Cit.
6) Ibidem, p. 123.
7) Para más información sobre el tradicionalismo evoliniano como desviación del Nacionalsocialismo, recomendamos: http://members.libreopinion.com/pe/observador/evola.htm . Si bien en esta página contiene ciertas críticas con argumentos religiosos o esotéricos, también contiene otras desde el punto de vista político militante y no deja de ser una voz de protesta ante el creciente influjo de las doctrinas de Evola en el Nacionalsocialismo.
8) Hacemos esta diferenciación dado que la corriente de pensamiento planteada por René Guenón también responde al nombre de “Tradicionalismo”. Si bien el pensamiento de Evola parte de este, tiene unas diferencias fundamentales las cuales no son objeto del presente estudio.
9) Julius Evola, El Fascismo visto desde la Derecha, edición online, capítulo I.
10) Ibídem, capítulo VI. En el capítulo II de Notas sobre el Tercer Reich trata el mismo asunto con idéntico punto de vista.
11) Julius Evola, Notas Sobre el Tercer Reich, edición online, capítulo II.
12) Julius Evola, Orientaciones para una Educación Racial, edición online, capítulo VIII.
13) Adolf Hitler, Mi Lucha, Bogotá, Editorial Solar, 2002, p. 220.
14) Julius Evola, Notas Sobre el Tercer Reich, edición online, IV.


No hay comentarios:

Publicar un comentario